La piel de Elisa, por Reina Rosko


Un extraño, casi metafórico, mal aqueja a Elisa. Igual de extraña será la terapia que deberá llevar a cabo, no para curar su mal, sino para momentariamente detener el avance de esa piel que crece sin control y que amenaza con romper los márgenes de su propio cuerpo y, de esa manera, borrar sus marcas identitarias, sus rasgos, todo aquello que la hace ella misma.
Lo curioso, y atrayente al mismo tiempo, es que el método para no desdibujarse se da a  través del relato de los amores de otros. Elisa cuenta con intensidad, prolija y minuciosamente, interpelando a los espectadores respecto a si somos capaces de sentir sus palabras, sus propias historias pasadas, otras quizás inventadas, algunas relatadas por terceros con una feroz apremio nacido del deseo de no desvanecerse, de no ser engullida por esas capas de piel que amenazan con hacerla desparecer. La pregunta de Elisa: “¿Me podría mirar las manos, por favor?”, refiere a la necesidad de reconocimiento, a la necesidad de que el otro reconozca que estoy aquí, que aún existo.
Como figura fantasmal, el muchacho, un personaje aquejado por la misma enfermedad quien pone en conocimiento de Elisa esta inverosímil receta. El relato, una escapatoria, el alivio tan necesario. En definitiva, el amor como la única alternativa para mantenerse vivo.
Y como tercer actor, el público, interpelado y remitido durante toda la obra, destinatario de las sonrisas y los llantos de Elisa, testigo de su historia y participe necesario de esta cura, porque la palabra no puede ser dicha en soledad.  
La puesta de Ignacio Catoggio, sobre una obra de la canadiense Carole Frechette, es de una gran belleza poética, navegando entre el existencialismo, lo onírico y hasta lo metafísico. Lorena Damonte realiza un trabajo impecable, tanto en la narración como en el manejo corporal. Es una actriz que nos deja con ganas de ver más de ella, por su intensidad y su capacidad para sostener sobre sus hombros y movilizar esta obra que es, en los hechos, casi un unipersonal.
Un gran acierto fue la inclusión de distintos dispositivos audiovisuales que acompañan y enmarcan la obra, realizados por Mauro Andrizzi.
La piel de Elisa se presenta los jueves 20:30 h. en la Sala El Tinglado, Mario Bravo 948 (4863-1188).



Ficha técnica:

Elenco: LORENA DAMONTE / IGNACIO CATOGGIO
Dirección General: IGNACIO CATOGGIO
Autora: CAROLE FRECHETTE
Versión: DANIELA BERLANTE
Diseño Audiovisual: MAURO ANDRIZZI
Montaje: FRANCISCO VÁZQUEZ MURILLO
Cámara: GALEL MAIDANA
Modelo: VERÓNICA BELLONI
Diseño Escenográfico: SEBASTIÁN ROSÉS
Realización: MARIANO SIVAK / CATALINA COMENTZ PAULOS
Diseño de Luz: DIEGO SCHIAVINI
Diseño de Sonido: SEBASTIÁN FRANCO
Diseño de Vestuario: FERNANDO MORE
Diseño de Maquillaje: CLARA DARÍN
Comunicación Visual: MANO LEYRADO
Fotografía: ELIANA SARRAF
Asistente Técnico: GASTÓN RE
Coach Actoral/Asistente de Dirección: LUCIANO LEYRADO
Producción General: ROCÍO FERNÁNDEZ SANSONE





Como si fuera ayer



Compartimos con ustedes una fotografía memorable del gran Juan Carlos Gené, fallecido el martes 31 de enero, junto con otros grandes del teatro, entre ellos la entrañable Alejandra Boero. Al lado de Alejandra, Alcira Argumedo; a la izquierda de Juan, Walter Santana y rodeándolos Raul Rizzo, Carlos Pais, Hugo Urquijo, Tito Cossa, Héctor Oliboni, Rubens Correa y Lito Cruz. 
La foto, inédita, corresponde a un ensayo del Tribunal de la cultura. 




Hasta siempre...



Muchas cosas podrían decirse del querido Juan Carlos Gené, pero decidimos homenajearlo compartiendo con ustedes una de sus reflexiones sobre el hombre, la vida, la historia y el teatro. 


Teatro: Muerte y resurrección
Por Juan Carlos Gené 

Las palabras "historia" y "teatro" se repelen en buena medida: en la misma medida en que lo inequívocamente teatral, no puede ser historiado; por la misma razón que el hombre como tal no puede serlo. La historia, ciencia documental, construye sobre los restos materiales de la vida. Y de la vida en sí misma, materialmente nada queda. Sobre aquellos restos, la historia puede aproximarse a título de hipótesis a aspectos parciales de la vida del pasado, a veces incluso monumentales, pero no por tales menos parcializados. La vida como tal, individual o colectiva, la vida que lo es porque está inevitablemente destinada a la muerte, nunca volverá a ser; y toda reconstrucción de aquello que fue será sólo una sombra vaga, un indicio de difícil o imposible interpretación, a partir de restos materiales que a menudo ocultan con obstinado silencio, mucho más de lo que revelan.
Los hombres nos sabemos condenados al olvido. Recordamos a nuestros padres; frecuentemente a nuestros abuelos; algunos, quizá, a algún bisabuelo; pero la cuarta generación que nos precedió, en el mejor de los casos, será algún vago nombre para nosotros, sin rostro, sin cuerpo, inexistente. Y no quiero redundar en la conciencia del hombre de su vida para la muerte; ni en los colosales esfuerzos que en la historia los hombres han hecho para perdurar, para conjurar (inútilmente, por supuesto), el implacable olvido.
Esta reflexión con mucho de lugar común (como me apresuro a reconocer), intenta referirse al teatro, a lo que considero su finalidad y sentido más profundo y a lo que, también pienso, lo mantiene presente y activo aún en un mundo tan hostil a su estructural incompatibilidad con él.
El actor es el teatro. El territorio específico del teatro lo crea ese hombre en situación de representación ante el espectador. Y ese fenómeno, como el fenómeno humano del que forma parte, no puede ser historiado. No sólo muere con él el teatro que realizará; cada instante transcurrido de su representación, no vuelve a repetirse, porque está vivo y la vida es irrepetible; y la representación de mañana no será la de hoy pues la de ayer ha muerto. Otro lugar común, lo sé. Pero el saberlo y repetirlo, no cambia ese clima de última representación de una temporada, cargado de excitación melancólica porque la muerte va a sobrevenir definitivamente. Eso podría explicar la costumbre (detestable para mi gusto), de gastar bromas a veces pesadas en el escenario durante esa función: una forma de conjurar la angustia frente a ese telón que, como una lápida, caerá pronto por última vez.
Pero esa extraña, paradójica, compleja criatura que hace el teatro, ¿quién es o qué es? En primer lugar, como todo ser vivo, alguien a quien se colocó, al lanzarlo al torrente constante de la vida, la máscara de la persona, del individuo. Y quien comete, por supuesto involuntariamente, el pecado original de nacer individuo, morirá. La vida, como fenómeno total, no cesa; el individuo enmascarado de tal, sí. Y ese individuo que llamamos hombre, existe entre la aparición de esa máscara y su disolución en la muerte.
Es en ese lapso que está vivo eso que morirá: un cuerpo. El hombre es un cuerpo, si bien dotado de misteriosos atributos, de funciones superiores complejísimas dentro del orden de la evolución, que la ciencia aún no ha podido penetrar. Y esas funciones, que llamamos espirituales, necesitan un cuerpo en el cual manifestarse.
El actor, el hombre, es entonces un cuerpo. Y el teatro, por ende, es cuerpo. La más abarcadora de sus definiciones, el arte del ser humano en el espacio, coloca a ese cuerpo que es el hombre, en el centro mismo del teatro. Ese cuerpo sensible, pensante, imaginante y en permanente agonía, es el hombre, el ser que a través de esas funciones puede representarse su propia muerte; como puede imaginar el infinito y la eternidad siendo por eso, en su finitud, la más desgraciada de las criaturas. Y la más paradójica, porque es precisamente esa conciencia de la muerte lo que hace de él un hombre.
Intuición o fantasía (¿no es acaso la imaginación una forma de conocimiento, quizá la única posible, de lo inefable?), ese cuerpo también se ha soñado inmaterial y alado: el mito de los ángeles fue expresado por la iconografía cristiana como cuerpos eternamente jóvenes dotados de alas. Intuyó, le fue revelado o imaginó, que Dios mismo tomó un cuerpo como él, murió y resucitó. Y ese mito deslumbrante permitió a los creyentes, los tan imaginativos cristianos, como decía Nietzsche, esperar su propia resurrección que el lenguaje litúrgico designa sin titubeos como resurrección de la carne. El hombre, pues, no puede imaginarse vivo y sin cuerpo. Porque él es ese cuerpo.
Cuerpo. Materia. Una materia que algo tan inexplicable como asombroso y que llamamos espíritu, organiza en grados más y más complejos. Una materia de la misma inasible realidad que toda la universal materia, a quien al afirmar el principio de incertidumbre, la ciencia contemporánea define como algo que de ninguna manera podemos llegar a saber qué es. Cuerpo-misterio.
El teatro es, entonces, el arte del misterio humano por excelencia. Porque se desarrolla por la convocatoria de unos hombres a otros, para que presencien aquellos cuerpos accionando una ficción de vida, en nada parecida a la vida, pero metaforizada en acciones poéticas y, por lo tanto, simbolizada. Los hombres se juntan para contemplarse viviendo, como de ningún modo pueden nunca contemplarse a sí mismos viviendo. Presencian, durante un tiempo preciso y más o menos previsto, que empieza y termina, ese símbolo vivo de su propia existencia, dotado de varias cualidades que ésta posee: es también un breve lapso de vida entre la nada previa y la nada posterior; la chispa insignificante entre dos oscuras y largas noches de que nos habla Shakespeare; se alza el telón y la vida nace, baja y sobreviene la muerte; ese momento vivo nunca volverá a repetirse. Y es demasiado sabido que su carácter de vivo da al teatro su vigencia y lo hace insustituible; mucho más porque en esa ficción artística de vida, esos cuerpos actorales llenos de energía celebran un desborde vida inhabitual: los grandes personajes, encarnados por grandes actores, componen un fenómeno siempre inédito que asombra como nos asombraría ver irrumpir vivo y palpitante a un centauro (torso, cabeza y brazos humanos, tronco y patas poderosas de caballo).
Y al citar ese mito, recuerdo que los centauros tienen sangre de dioses; y que son dioses disfrazados algunos animales que realizan entre los hombres correrías inconfesables; los dioses actúan, hacen el papel de animales con diversos fines; hasta se caracterizan de algo tan poco asociable con la lujuria y tan inofensivo como un cisne, para encontrarse en bienaventurada lujuria con la atractivísima Leda. Y esos mitos, que preceden como fundamentos culturales a la aparición del teatro, ya intuyen y anticipan la acción de los dioses en la teatralidad. Cuando el teatro se desprende como fruto maduro del ditirambo dionisiaco, es el dios mismo quien protagoniza esta creación. Y se trata de Dyonisos, precisamente el dios que hace brotar la vida y la alegría.
Si Esquilo, siglos después, crea el segundo personaje tras el primero que Tespis se atreviera a desprender del coro para confrontarse con el corifeo, debe haberlo hecho, según pienso, porque había ya nacido esa raza de monstruos pletóricos de energía vital que fueron y son los actores. Y monstruos es el término que a menudo la tradición utiliza para designar a los grandes actores: monstruos como los cíclopes, los centauros, los faunos.
Observamos que esos mitos ya cargados de cierta energía teatral, implican también sueños humanos de transformación del cuerpo: gigantes con un solo ojo potentísimo; la inteligencia, la imaginación y la sensibilidad del hombre en un cuerpo equino poderosísimo; una inagotable, fabulosa (caprina) potencia sexual, en un hombre con toda la barba que es, además, eximio flautista. Mitos corporales de poder, de los cuales quizá el más moderno y superlativo es el hombre invisible. Entre aquellos mitos griegos y esta modernidad, la platónica experiencia cristiana, ya lo vimos, generó mitos angélicos y de resurrección.
La obsesión del cuerpo, que es la obsesión del yo, y la convicción de su finitud, pienso, crearon el teatro. Un arte donde la obra artística es el propio cuerpo actoral que, celebrando la vida con todos sus espantos, regocijos, homicidios y burlas, con toda su grandeza y su ridículo, intenta conjurar a la muerte, de esa impotente manera humana de hacerlo. Y en la repetición de mañana de esa misma irrepetible representación de hoy, queda implícito el mito de la resurrección: la esperanza con respecto a la representación de mañana la conocen muy bien los actores, sobre todo cuando la de hoy no resultó con demasiado vuelo: sueñan la próxima, con frecuencia, maravillosa y llena de inspiración, transfigurada y luminosa como un cuerpo emergente de la muerte que retoma a una vida de insospechada belleza.
El teatro es celebración de la vida, de esa vida que se acepta y se valora superlativamente porque se la sabe sujeta a la muerte. Es la creación humana que intenta mirar a la muerte, esa Gorgona que nadie puede mirar de frente, a través del espejo mágico que reduce a la impotencia y toma inofensivos esos ojos vacíos y oscuros de la condena de quien nació con la máscara de la individualidad. Un rito humano pleno de entereza que nada pretende perpetuar porque es efímero en sí mismo, muere a diario; y muere definitivamente cuando los que crean corporalmente, los actores, se disuelven corporalmente en sus sepulcros.
Del teatro sólo quedan documentos, tan poco fiables como lo que los críticos escribieron sobre quienes lo hacían y cómo a su criterio lo hacían; o tan formidables pero tan literarios como la monumental literatura dramática que los dramaturgos escribieron, precisamente porque esa raza de monstruos de vitalidad, los actores, existió. Los dramaturgos la proveyeron de su poderosa verbalidad, pero el verbo de quienes ayer los verbalizaron, ya no resuena.
Al mencionar a la palabra, nos confrontamos con esa formidable función corporal de comunicación que, junto con el cerebro y la mano con pulgar en oposición crearon al hombre. Y el lenguaje hablado continúa siendo una de las grandes incógnitas de nuestra naturaleza. Es precisamente sobre ese milagroso atributo, que la gran tradición dramatúrgica de occidente, creó un teatro para ser encamado por los actores. Los grandes personajes por ellos creados accionan por una frondosa verbalidad, a punto tal que puede decirse que no hay gran personaje sin esa fecunda, significativa, conmovedora habla que en el teatro occidental ha expresado no sólo pasiones sino también ideas, las ideas que en cada momento de la historia contribuyeron a interpretarla, y triunfalista postmodernidad, asistimos al desprestigio de las ideas y de la palabra que las expresa. Y el teatro refleja esta crisis de la cultura. Pero como dijo Nicanor Parra en la apertura del último Festival de Teatro de las Naciones de Santiago de Chile, el cadáver de Marx aún respira. Las ideas están sólo en hibernación, porque renunciar a las ideas es tanto como renunciar a los atributos humanos: a la mente, al pulgar en oposición, al lenguaje; es rebajar la condición humana reorientándola hacia el camino de la animalidad. Y la herencia del gran teatro transmite también el verbo, las ideas, la humanidad plena.
Los grandes actores que las hicieron resonar ya no viven, viven otros a quienes cabe tomar la herencia y continuarla. Ningún otro arte asume con tan generosa aceptación de su finitud, la cadena hereditaria de las generaciones artísticas. Más allá de las agresiones del tiempo, las obras de arte plásticas fueron creadas con intención de perennidad y duran siglos y hasta milenios; las composiciones musicales, como las literarias pueden durar aún más y hasta siempre. El teatro, en cambio, acepta su propia muerte y celebra la vida que cobra por aquella su verdadero sentido.
Es un rito de exaltación de la materia, de su misterio y espiritualidad, centrado en el cuerpo material del hombre, tan material y misterioso que vive, se vive, se siente vivir y se imagina muriendo, con la certeza de que ese temor imaginado es su única certeza. Tan material que sueña y vuela; tan material que suele no saber quién sopló en su oído esa portentosa buena nueva: resucitarás de la muerte. Y aunque su razón y todas las evidencias lo nieguen, sólo con esfuerzo puede desechar un mito creado por la cultura en la que vive.
Si el teatro de occidente nace con Europa en la Edad Media, cuando el mito tenía una vigencia vigorosa y el mundo estaba poblado de misterios y de portentos, adquiere su forma acabada en el Renacimiento: la greco-judeo-latinidad había generado una cultura que por todos sus ángulos otorgaba al hombre un rol de extraordinaria dignidad: por un lado un semidiós, desafiando a los mismos dioses, había entregado a los hombres el fuego; por el otro, el Dios único e inaccesible había tomado un cuerpo y se había sometido a la muerte de los hombres y había resucitado.
En el teatro de occidente palpitan, quizá como en ningún otro testimonio de la cultura, los elementos de esta formidable concepción del hombre. De ese mistérico cuerpo que celebra su vida ante una asamblea de cuerpos arrebatados por la vitalidad sorprendente de aquello que en escena está ocurriendo. ·
Celebración de la vida, fiesta del cuerpo; reflexión activa sobre la muerte que otorga a la vida su precioso valor; arte del ser humano total, el teatro es el testimonio artístico más firme de la gran dignidad del hombre.  

Fuente: Télam 




De vuelta en casa

Tras un breve receso en enero hoy, lunes 6 de febrero, retomamos con mucho entusiasmo nuestro programa.
Como quizás saben, el martes pasado falleció el genial Juan Carlos Gené. Por esta razón dedicaremos gran parte del programa a este director, dramaturgo, actor y maestro. 
Como siempre, nos pueden escuchar por FM La tribu 88.7 o a través de la Web en http://fmlatribu.com/icecast.html


Gracias por acompañarnos como todos los años.
Equipo de Dionisio  

Lo prometido es deuda!!!


NUESTROS QUERIDOS INVITADOS DEL LUNES PASADO REALIZARAN UNA NUEVA PRESENTACIÓN, LES PASAMOS LA INFO.






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EL TALLER DE TEATRO INICIAL DEL CENTRO CULTURAL COLEGIALES DEL GOBIERNO DE LA CIUDAD
PRESENTA 'TEATRO EN BARES', CICLO DE OBRAS CORTAS EN ESPACIOS NO CONVENCIONALES.
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Próxima fecha: miércoles 28 de diciembre a las 22.30
Rodney bar, Rodney y Jorge Newbery

CRUZ DE OLVIDO, PALABRAS DE LA NOCHE

Existe un bar, y no puede no existir su séquito de fieles. Los trasnochados habitantes de este reducto irán desentrañando los nudos de sus biografías, de sus anhelos y de sus desesperanzas. Y, entre copas, serán testigos de la génesis de algo que los supera e incluye al mismo tiempo: las historias de un artista. Homenaje a Charles Bukowski.
  • Acerca del ciclo:

Con la proliferación de salas y circuitos teatrales de los más diversos, no deja de suceder un fenómeno paradójico: la dificultad de incorporar al oficio a los miles de iniciantes que intentan dar sus primeros pasos en la profesión. El teatro es un arte que necesita lo colectivo, no se basta con la disciplina y el estudio de taller. La formación de un actor incluye la continua exposición de las herramientas adquiridas y el contacto con los públicos eventuales, que serán quienes constituyan, con su presencia, la experiencia cabal del futuro artista.

Marina Rouco

Docente y directora de teatro

Entrada libre y gratuita

Reservas a mararouco@gmail.com

Feria del libro lunfardo y tanguero


VIII FERIA DEL LIBRO LUNFARDO Y TANGUERO
¡¡¡MÁS DE 40 ACTIVIDADES EN 26 DÍAS!!!!

Del 4 al 30 de diciembre
de 15 a 21 Hs.
en la Academia Porteña del Lunfardo
Estados Unidos 1379

Se podrán adquirir libros, CD, DVD y muchos artículos referidos a nuestro tango. Habrá presentaciones de libros, películas y actuaciones en el Salón Nicolás Olivari.

La Feria es una creación de Marcelo H. Oliveri (periodista, escritor y autor de varios libros dedicados al lunfardo y al tango).

Tiene como objetivo fomentar los libros y la literatura tanguera. Son muchos los libros que se escriben de tango y lunfardo y que a veces no se venden en las librerías ante la abundancia de best sellers.
Aquí durante todo el mes se puede comprar, ver y comprobar la gran variedad de material que hay sobre el tango.

LA ENTRADA Y EL DERECHO A VER LOS ESPECTÁCULOS SON CON ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
QUIÉN DESEE COLABORAR CON $ 20.- (SIN OBLIGACIÓN) SE LE REGALARÁ UN LIBRO DE LUNFARDO (SUMMA LUNFARDA) DE EDITORIAL CORREGIDOR.

Programación completa

Domingo 4 de diciembre: Inauguración de la Feria del Libro Lunfardo y Tanguero con la actuación del Coro Polifónico de la Asociación de Profesionales del Hospital Italiano. Directora del coro: Prof. Marta Monteleone. A las 18.

Lunes 5: Presentación del libro Camino de Buenos Aires de Alberto Kaplan. Hablarán: Marcelo Oliveri, Guillermo Saavedra y Luis Tedesco. A las 18.
Lunes 5: Luces de Buenos Aires Presentan: Los éxitos del tango: Juan Carlos Sapia, Héctor Raggio, Antonio Ballester, Alberto Monte, Ángel Vaona, Beba Bertel, Valentina Lamas, Martha Ovalle, Claudio Ferrer, Graciela Maño y Jorge Crescente.. Piano: Ángel Giuseppetti. A las 20.

Martes 6: Poemas Tangueros con Estela Bonnet, Matias Mauricio y Roberto Selles. A las 18:30.
Martes 6: Recital de la cantante de tangos Diana Lagarde. A las 20.

Miércoles 7: Presentación del nuevo libro de Tomás Barna: Variaciones concertantes a la luz de los crepúsculos. Hablará Luis Alposta. A las 18:30.
Miércoles 7: Georgette Grayeb presenta: Entre París y Buenos Aires. Con Virgilio Dante (guitarra y canto). Invitados especiales. A las 20.

Jueves 8: Tangos y Candombe con Lilian Papasso: Presentación del libro: El guardián del umbral. Hablarán: Norma Montenegro. Con: Norberto Vogel (piano y bandoneón). Grupo Coral Kilya director: Ulises Palau. A las 19.

Viernes 9: Tango en San Telmo con Olga Reni. A las 18.
Viernes 9: La ñata contra el vidrio, charla de los Patrocinantes Miriam Peralta y Carlos Alarcón. La conferencia versará sobre los cafés porteños que más vinculación tuvieron con el tango. A las 19.

Sábado 10: Actuación del Vocal Ecléctico. Cantantes: Jorgelina Tassara, Analía Segal, Alejandra Vera, Gabriela Alejandra, Marcela Martínez, Patricia Polo, Amalia Chambo, Néstor Rímoli, Alejandro Wainschenker.. Músicos invitados: Joaquín Novoa (percusionista), Nicolás Rizzo (bajista). Preparadora Vocal Flora Gril. Dirección: Camilo Reiners. Prensa Virginia Blanco
Sábado 10: Las Perlas del Tango de Claudio Durán presenta a: Estela Bonnet, Sandra Chebriau, Silvana Reyes, Silvia Nieves. Poeta invitada: Nélida Puig. A las 19:30.

Domingo 11: Homenaje al rock nacional y Tangos nuevos de Javier Penas. A las 18. Entrada $20.

Lunes 12: Un cantor nacional: Raúl Cardá. Convoca y acompaña: Zulema Varela. A las 18:30.

Martes 13: Presentación del libro sobre la Seguridad de Graciela Fiscalini. Con el poeta Carlos Alberto Dávila e invitados. A las 18:30.
Miércoles 14: Presentación del libro de Goyo Mazzeo Historias Tangueras. Hablará su editor Marcelo H. Oliveri, Siulnas, entre otros. A las 18:30.

Miércoles 14: Homenaje a Calé. Con Susana Boragno e invitados especiales. A las 20.

Jueves 15: Presentación de Bandoneón Blindado de Matías Mauricio. Artistas y poetas invitados. A las 18:30.

Viernes 16: Presentación del libro: Julio Cortázar y el tango de Héctor Fralasco. Recital del conjunto musical Buenos Aires Tango integrado por María Sánchez Gonçalvez en piano, Gabriel Nuñez en guitarra y Delcis Méndez Cherey en bandoneón con el vocalista Facundo Vallejos.
Muestra de Tango y Danza con Antonio y Graciela. A las 18.

Viernes 16: Recital de la cantante de tangos Gaby. A las 20.

Sábado 17: Presentación de los libros de Creadores Argentinos. A las 16.
Sábado 17: Actuación del Grupo Coraje. A las 18:30. Sábado 17: Homenaje a Lolita Torres con, Marita Tuero, Susana Boragno y Jorge Boullousa. A las 20:30.

Domingo 18: El Académico Correspondiente en San Miguel del Monte don Bernardo Poblet presenta: Tangos desde San Miguel del Monte: Voces: Hugo Gargiulo, Eleonora Valle. Acompañamiento en guitarra: Sebastián Castro.. A las 18.
Domingo 18: Pepe Otero Presenta: Tangos y Poesías: Desnudando el Tango y la Poesía: Pepe Otero: Tangos de los 40 y poesías propias, Estela Bonnet, la voz dulce del tango, Ramiro Valdas: Pasión del sentir porteño. Dirección musical: Adrián Oronél.. A las 19:30.

Lunes 19: Presentación del libro El tango lejos del Puerto de Néstor Dipaola. Hablarán personalidades destacadas de la cultura porteña. A las 19.

Martes 20: Jorge Gatti Tango presenta: Antigua Fray Pimiento, Cordal Trío y Dúo Púa Abajo (Armónica Romero). A las 19.

Miércoles 21: Inauguración de la muestra de Marta Luchenio: Retratos 2 que se exhibe en el Patio de las Columnas. Festejamos el cumpleaños Nº 49 de la Academia Porteña del Lunfardo. Entrega de premios del Concurso de Poesía Nyda Cuniberti. Entrega de diplomas a los alumnos del curso de cine y del lunfardo en la cultura porteña. Recital de Lydia Chávez, Muni Rivero e invitados especiales. A las 21.

Jueves 22: Proyección de la película Clase Media del director Juan José Domínguez. A las 19.
Jueves 22: Presentación del libro: El criollismo en América Argentina (5º edición) de Julio Rodríguez Ledezma. A las 20:30.

Viernes 23: Espectáculo integral de tango a cargo de la artista Sandrina Gallego Poetaria. A las 19.

Lunes 26: Proyección de Café de los maestros. A las 16.
Documental sobre el Café Tortoni: Presenta Susana Boragno. A las 19.

Martes 27: Presentación de la cantante de tangos Nydia Costa. Presenta su CD: Volando alto. A las 19.

Miércoles 28: Presentación del libro Glosas de Tango de Rubén Serrano.. Hablarán: Marcelo H. Oliveri, Nolo Correa e invitados sorpresa. A las 19.

Jueves 29: Presentación del libro: José Razzano: De la sombra al protagonismo de Carlos Ríos y Javier Penelas. A las 18.
Jueves 29: Presentación de Lucas Cármine (desde Rosario). A las 19.
Jueves 29: CANTORES: Desfile de cantores tangueros.. Daniel “El Pollo” Mactas e invitados sorpresas.

Viernes 30: Desfile de Las Perlas del Tango de Claudio Durán cierran el año y clausuran la Feria del Libro Lunfardo y Tanguero. Desde las 18.

El Círculo de Donald Margulies


El círculo
de Donald Margulies
con dirección de Agustín Alezzo y Nicolás Dominici

El escritor Eric Weiss se convierte de la noche a la mañana en un célebre best-seller con la publicación de su última novela, Brooklyn Boy. El exito alcanzado lo hace regresar a su ciudad natal, Brooklyn, para visitar a su padre moribundo. A partir de entonces, Eric se verá envuelto en una serie de conflictos con viejas relaciones del pasado, principalmente su padre y un viejo amigo, lo que conlleva también un enfrentamiento con la religión judía y la realidad imperante.


Paralelamente a su consagración artística como escritor, Eric mantiene una conflictiva relación personal consigo mismo y con los otros, la realidad y la ficción que lentamente lo conducirá a un estado de soledad absoluta.


La pieza plantea una serie de interrogantes sobre las oscuras pasiones que desatan el éxito y la popularidad, los lazos de pertenencia que nos unen al pasado, aquello a lo que no se puede renunciar, lo que somos, en definitiva, lo que constituye nuestra identidad.

Elenco


Lizardo Laphitz
Nestor Ducó
Bernardo Forteza
Cecilia Chiarandini
Carolina Alliani
Cristina Dramasino
Francisco Prim

Escenografía y vestuario

Marta Albertinazzi

Diseño de luces

Gonzalo Calcagno

Diseño sonoro

Diego Vainer

Dirección
Agustín Alezzo- Nicolás Dominici


Funciones
Viernes 21.30 hs

Sábados 19 hs y 21.30 hs

Domingos 17.00 hs

en
Teatro El Duende
Aráoz 1469 Tel:48311538